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Foto: Especial

Café al momento / Noemí Herrera

Noemí Herrera / Quadratín Colima
 
| 31 de agosto de 2017 | 8:03
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Generación contestataria

Una generación se caracteriza entre otras cosas por el diseño, la creación e instauración de nuevos elementos, objetos o procesos; hechos que un grupo de seres humanos quienes compartimos una misma época hemos venido produciendo a partir del reconocimiento de una sociedad más igualitaria en términos de roles estereotipados en cuanto a los dos sexos.

Como parte de una generación que más allá de pertenecer en cuanto a temporalidad a un determinado periodo cronológico, la nuestra establece su duración en proporción directa con la durabilidad de costumbres y hábitos en las personas; parámetro también válido para determinar un lapso generacional; lo que conlleva a establecer que todos los individuos que formamos parte de una línea sucesoria de valores y hábitos conductuales pertenecemos a la misma generación.

El adjetivo de contestataria parte de una sociedad en la que se tenían y transmitían prototipos conductuales tanto para hombres como para mujeres, por lo que ha sido esta generación la encargada de engendrar, producir y concebir conductas que podemos calificar como contestatarias, por ser a partir de luchas constantes la encargada de enfrentar, rechazar y cuestionar esquemas preestablecidos con una marcada hegemonía masculina.

El hecho de que hoy en día estemos hablando de aspectos de igualdad y paridad tiene que ver con la realidad que se da en la gran mayoría de los hogares en nuestro país, dónde según el INEGI en 2015 la participación económica de la población femenina de 15 años o más era de 44.33%; o el hecho de que el grado promedio de escolaridad de México hace dos años, fuese de 9.01 para mujeres y 9.33 para hombres, parámetros sumamente cercanos que han motivado una serie de cambios estructurales en términos generacionales, modificaciones que tienen que ver con brindar a la línea sucesoria venidera elementos que permitan reproducir esquemas de bienestar para la humanidad en su conjunto; los nuevos roles demandan la existencia de estancias infantiles, horarios escolares ampliados, jornadas laborales divididas, salas de lactancia en los sitios laborales y adecuación de los baños públicos masculinos que incluyan el área destinada para cambiar pañales a los bebés, porque éstas y muchas otras transformaciones que chocan con los estereotipos tradicionales, están dirigidas a reproducir esquemas en términos de igualdad.

Así pues, antes de pasar a la generación milenians, es importante asimilar la modificación de los valores básicos de la nuestra, dejemos de lado el hecho de que se “le hace un favor a las mujeres al ayudarlas en casa o con los hijos e hijas”, el asumir con culpa el acudir a una cocina económica para ver resuelta la necesidad alimentaria del hogar o el contratar a una persona que cuide de los menores para continuar con nuestra preparación profesional; estamos frente a un nuevo paradigma social que se concibe alejado de esquemas sexistas.