Atención

Con el propósito de ofrecer una mejor experiencia dentro de nuestro sitio web, le sugerimos que actualice su navegador, ya que usted cuenta con una versión de internet explorer antigua, que ya no tiene soporte por parte de microsoft y que representa un riesgo de seguridad para usted.

Sigue nuestra transmisión en vivo.
Click para seguir la transmisión
x
Foto: Especial

Café al momento / Noemí Herrera

Noemí Herrera / Quadratín Colima
 
| 16 de junio de 2017 | 8:35
 A-
 A+

Segunda vuelta

Desde el pasado domingo cuatro de junio, fecha en que se celebraron comicios para renovar las titularidades del poder ejecutivo en las entidades de Coahuila, Nayarit y Estado de México, el tema de la segunda vuelta ha sido recurrente entre los análisis postelectorales.

Resulta indudable el hecho que de conformidad con los cómputos oficiales emitidos por los organismos electorales de dichas entidades, en dos, de los tres casos, los candidatos declarados como mayoritarios se encuentran con porcentajes de votos que fluctúan entre el 30 y 40%, mientras que sus seguidores inmediatos se ubican con poco menos de tres puntos porcentuales de diferencia; por lo que cabe precisar que de acuerdo a los cómputos distritales de Coahuila, las cifras por la titularidad de la gubernatura son para la coalición “Por un Coahuila Seguro” 38.19% y para la “Alianza Ciudadana por Coahuila” 35.75%; mientras que en el Estado de México, la coalición integrada por el PRI, PVEM, PNA y PES obtuvo el 33.69% de los sufragios, y Morena el 30.91% de los votos.

Estas cifras dejan de manifiesto el nivel de respaldo directo por parte del electorado hacia las candidaturas mayoritarias, es decir, poco más de un tercio de la población emitió su voto en favor de los candidatos triunfadores, mientras que más del 60% no estuvo de acuerdo con su postulación; por lo que es mayor el número de electores que están en contra de quien ocupara la gubernatura, que aquellos que están a favor.

El hecho de ser gobernados por quien obtiene el mayor número de votos, tiene implicaciones esenciales de legitimidad y gobernabilidad, aspectos que se pudieran aminorar con la implementación de la segunda vuelta electoral, en la que se enfrentarían las dos candidaturas punteras en una elección.

De tal suerte que los ciudadanos acudirían de nueva cuenta a las urnas para ratificar, modificar o “blindar” -desde su percepción el futuro de un país o una entidad-, para lo cual vale la pena referenciar al doctor Luis Carlos Ugalde, quien señala que “si tú tienes dos vueltas, en la primera, votas con el corazón; y en la segunda votas con la cabeza”.

El hecho de explorar la incorporación de la segunda vuelta en México, nos obliga a valorar aspectos operativos de nuestro propio sistema en cuanto a la temporalidad con la que deberían de resolverse los medios de impugnación de la primera vuelta, para poder dar paso a una segunda, así como en los costos económicos que se derivan de la celebración de nuevos comicios, entre muchos otros aspectos.

También es importante reconocer que la segunda vuelta no viene a ser la panacea que perfeccionará el sistema electoral mexicano, la cual desde luego representa bondades en cuanto al respaldo numérico de la figura ejecutiva, al hacer frente a la fragmentación que implica el contar con una gran cantidad de partidos políticos y la recién inclusión de candidaturas independientes, por lo que, en este momento, más allá del aspecto cuántico debemos centrarnos en trazar una ruta de perfeccionamiento de nuestra actual democracia procedimental que permita a los ciudadanos actuar con plena libertad en el ejercicio de sus derechos.