Pleitos viles y el triste destino de los ídolos

Según Jorge Luis Borges, un muerto no es un ser humano. Es lo que queda de ese ser humano. Pelearse por él, como aves de rapiña, es faltar al respeto de lo que aquel humano fue. Por su parte, todo casado debe recordar, que muerto el cónyuge, la relación de pareja se ha acabado.

El llamado supérstite se convierte en soltero. Por lo tanto a menos de que haya decisión por escrito del fallecido, el vivo no tiene ningún derecho a decidir sobre el destino de un cadáver.

La polémica que se está dando en el caso del cantante José José, acerca de un cadáver que se esconde, se sustrae, se convierte en cenizas y se divide y provoca un escándalo público, no solo es una falta de respeto a la persona que dejó de existir, sino que viola leyes que aunque la muerte haya ocurrido en el vecino país, éste puede tener vigentes también porque en buena parte son internacionales.

Los derechos que tenga la llamada viuda, son otra cosa. Son los derechos que tiene por el contrato matrimonial; si era por bienes mancomunados, le corresponden, estimados en el 50 por ciento, y la parte -absurda a mi entender-, que le toca por el resto de lo que creó la sociedad conyugal.

Por otra parte, como soltero, el cónyuge vivo no tendría porqué recibir la pensión de viudez que le conceden las leyes, porque es producto de una persona que la ganó a nivel individual por su trabajo y al morir, el derecho debe desaparecer a menos que haya menores que la deban recibir hasta su mayoría.

Esa pensión siempre se ha discutido por injusta, en países en donde millones de mujeres son divorciadas, dejadas o madres solteras y jamás recibirán esa pensión pese a que se han desempeñado igual en una doble o tercera jornada.

Es una iniquidad porque favorece a las que cumplieron ese requisito legal -que ya las premia con el porcentaje del contrato – y tiene orígenes conservadores impulsados por instituciones que promueven el matrimonio y la familia tradicional.

Para hacer justicia, se ha propuesto una pensión universal que arrope a viudas y solteras -tema que no ha tocado AMLO en la creación de pensiones- y cuya discusión aparece de vez en cuando, pero no avanza.

LAS HERENCIAS DE LOS ÍDOLOS, MOTIVO DE ESCÁNDALO, INSULTOS Y ROBOS

Hay ídolos populares que han dejado una cauda por varias generaciones y que no se sabe cuándo terminarán si se supone que esas generaciones solo tienen validez genética hasta la cuarta.

Pedro Infante murió hace más de 62 años cuando había rebasado los 38 años. Tendría cien pero aún siguen saliendo sobrinos -una de ellas apareció hace poco- y familiares que quieren seguir explotando su nombre.

Ninguno ha podido con el paquete de su talento.

De cierta manera ha ocurrido con Jorge Negrete aunque en menor escala.

El pleitazo por los bienes de Juan Gabriel ha sido un acaecer miserable desde que murió y lo mismo se ve con otros personajes aquí y en otros países.

A María Félix le hicieron la afrenta de exhumarla porque un hermano que quería parte de la herencia, urdió la trama de que la habían matado.

Como en aquella descripción de Alejandro Dumas hijo, sobre Madame Duplessis La dama de las camelias- que ella representó en el cine-, se vio su hermoso pelo negro lleno de ondas, brillar ante los forenses, a muchos meses de haber muerto.

El hermano ambicioso consiguió un pago por su abuso e intrepidez.

En el caso de José José, hay hijos que ya se anuncian como cantantes y hay esa viuda mencionada tantas veces y otras mujeres que quedaron en el camino y salen a recuperar fama, a las que se suman artistas del espectáculo, en medio de una batahola de escoria, que lastima a un hombre como el cantante a quien han descrito como un ser bondadoso, gentil y lleno de generosidad.

LA VEDOVA NERA,VIUDA NEGRA, UN TEMA UNIVERSAL EN LA VIDA Y LA LITERATURA

El de la viuda negra es un tema de siglos y tiene mucho que ver la trama truculenta que envuelve una gran fortuna.

Una mujer astuta busca hacerse de esa fortuna y utiliza los recursos más infames para lograrlo.

La clásica se compone de cuatro personajes, la mujer y su marido un pobre diablo, un hombre rico que aparece en escena y se interesa en la mujer y un pobre muchacho enamorado de ella que es usado como instrumento para matar al marido.

Ella lo culpa, y tras dejarlo en la cárcel, corre a los brazos del rico. En cierta ocasión mencionamos aquí Asesinato en el Campo de Golf (Ediciones Orbis S.A. 1984) una de las primeras novelas de Agatha Christie, en la que se toca el tema con variantes modernos como la hija vengadora de la viuda y la esposa de aquel joven asesino ahora resucitado en un poderoso empresario, Pablo Renauld.

Todo se mueve dentro del esquema clásico y como suele suceder en esas novelas -más cuando están insertas en la novela policial -, todos los malos pagan su delito.

La escritora inglesa busca incluir otros aspectos clásicos de ese género, el del doble y lo introduce con tanto éxito que uno de sus personajes centrales, el capitán Arthur Hasting termina casándose con una de esas dobles.

Un final feliz que no creo que lo haya dentro de la familia de José Rómulo Sosa Ortiz, como realmente se llamaba José José.

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