Imagínate un mundo maravilloso, donde te manda llamar el jefe y te dice: ¡por todo tu esfuerzo, y dedicación te has ganado un aumento!… por fin el cambio de carro, las vacaciones en playita, un sinfín de posibilidades, pero te dicen que te toca un 0.8% más a tu sueldo, si ganas 10 mil auméntale 80 pesos.

O llega tu hijo, que el mes pasado reprobó matemáticas, y muy orgulloso te comenta, “sí, otra vez no pude pasar, pero ya no saqué 5, ahora me gané un 5.004.

Estarás de acuerdo que en ambos casos es excesivamente insignificante, pues ese es el avance en materia de reducción de homicidios que presentó el informe mensual de la Presidencia de la República. Se redujeron el 0.8 por ciento.

No es que quiera comparar peras con manzanas, pero creo que sí podemos realizar un contraste de los porcentajes que consideraba nuestro presidente como fracaso o éxito. En 2014 escribió un tweet que decía “En enero la economía creció 0.8%, es decir, nada”, coincido plenamente con él, este porcentaje como resultado de gobierno representa “nada”.

México está tratando de atravesar una tempestad, el oleaje es elevadísimo y caótico, la lluvia torrencial con el viento en contra, aunque sepas el rumbo y tengas claridad en el horizonte, si tu tripulación no tiene la destreza, si tu barco cada vez se agrieta más, no habrá forma de que salgas con vida.

La tempestad en México es la violencia desatada por el crimen organizado. Recordemos que a principios de años la delincuencia en el país había crecido el 25 por ciento, esa cifra sí es representativa, pero está en la cancha de los villanos.

Vivimos bajo un esquema gubernamental donde lo organizado en el crimen, quienes están encerrados son los ciudadanos y el que opera bajo las sombras es el gobierno. Como muestra tenemos el video que circuló hace unos días, donde decenas de hombres con vestimenta bélica, armas de alto calibre, y flanqueados por camionetas potentes, a primera vista en óptimas condiciones, gritaban vivas a su líder, el Mencho, cabeza del Cártel Jalisco Nueva Generación.

La respuesta del gobierno fue tan inmediata como desafortunada. Dijo que se investigaba el “evidente montaje”. Por supuesto que fue una grabación planificada, pero calificarla como montaje en lugar de concentrarse en lo importante, es una muestra de la miopía que en algunas ocasiones muestra nuestro gobierno.

Pero más preocupante vi el segundo video. Los mismos narcoterroristas, hablando a cámara, justificando su presencia, haciéndose pasar como los buenos de la película, avisando al grupo rival de Guanajuato que habían llegado, que ya no permitirían extorsiones, ni cobros de piso, o sea, llegaban los vengadores. Lo peor es que no dudo que haya gente que se sintiera aliviada con su discurso.

Seamos realistas si cualquiera de estos grupos, tuviera un interés legítimo por proteger a la comunidad, ya hubiera dejado las armas, trabajarían en algo que los dignificara, ganarían el sustento con su esfuerzo y no con la sangre de los demás.

Pero esta ceguera no es privativa del gobierno, cuando asesinaron a mi familia en los caminos de Sonora, algunas voces se atrevieron a decir que era un montaje. Que como no habían visto los restos no habían existido. Los recuerdos de sus cenizas aún rondan los parajes de la zona, y el recuerdo dejará cicatriz para siempre.

Así que si algo pido es que no nos ceguemos ante la realidad, no nos pongamos vendas inútiles, enfrentemos la tempestad y entre todos, saquemos a flote el barco. No descalifiquemos ningún esfuerzo, la solución contra el crimen claro que está en la recomposición del tejido social, pero también pasa por ser más inteligentes que los otros y pedir ayuda cuando es necesario.

El día que la ganancia del delincuente sea sólo de 80 pesos, cuando planifique un robo y sepa que sólo tiene .8% de probabilidad de éxito, ese día, todos vamos a celebrar los otros datos de López Obrador.