Hay una combinación que ha dejado mucha sangre en nuestro país y que, al parecer, seguirá marcando la ruta del dolor en muchas comunidades y por largo tiempo. Hablamos del poder del crimen más la política.

Hace algunos días salió la noticia de que habían detenido a dos narcoterroristas, presuntamente implicados en la masacre contra mi familia en noviembre del año pasado. Lo increíble del caso es que estaban en el lugar de la captura, acompañados el líder del PRI en el Municipio de Casa Grandes, Yuriel Armando G. L.

Al parecer no era coincidencia, sino que era su abogado. Todo esto, lo trata de explicar en un video de una supuesta entrevista “espontánea” en redes sociales, donde se justifica diciendo que todos tenemos derecho a una defensa, haciendo ver que estaba con ellos por asuntos meramente profesionales.

Estoy totalmente de acuerdo en que todos debemos tener por ley, derecho a un abogado, y por tanto, a contratar a quien tu decidas, pero creo con firmeza que la manipulación de las leyes, aprovechar las lagunas y vacíos, ha permitido que prospere la corrupción más aberrante, la que cobra vidas.

Ejemplos del crimen organizado coludido con políticos hay tristemente varios en nuestra historia moderna. Por ejemplo, los 43 normalistas de Ayotzinapa, fueron levantados por enfrentamientos de grupo criminales, auspiciados por autoridades como José Luis Abarca, entonces alcalde de Iguala, en Guerrero.

A más grande escala, en Estados Unidos se encuentra detenido Genaro García Luna, quien es acusado por vínculos con el crimen organizado. Lo grave es que era el encargado de cuidarnos en el sexenio de Felipe Calderón, quien encabezaba un gobierno emanado del PAN. En este grado, qué podemos pensar del expresidente, o ¿estaba enterado y prefirió la omisión?, o reamente no sabía, lo cual es aún más grave, habla de una profunda ineficiencia. El resultado es un país que no ha dejado de arder desde entonces.

Ejemplo sobran, y algunos son los que han llegado a los medios, pero todos, todos, sabemos de narcos en nuestras comunidades que participan en la política, que sueñan con ser candidatos y cínicamente, muchos llegan a serlo.

En este panorama es imposible que los ciudadanos denunciemos, si quien recibe nuestra queja es la oficina de recepción del crimen, y ante la indefensión, quién se va a atrever a denunciar, si seguramente lo que vendrá después no será la detención del criminal, sino repercusiones hacia el denunciante o a su familia.

Los municipios y comunidades alejadas llegan a ser territorios controlados por la ley del más poderoso, el que tiene el arma más grande. Recordemos que hace unas semanas al atravesar el municipio de Casas Grande, Chihuahua, mi tío Adrián LeBarón con una comitiva de la familia, fue detenido por un grupo de halcones para interrogarlos, como si fueran auténticos dueños de los caminos, ahí ellos son los que deciden quien pasa y quien no, esto a plena luz de día, lo que significa que existen autoridades que lo permiten, o de plano, nos gobierna una horda de ciegos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene frente a él un gran reto, el terminar con estas vinculaciones, espero que cuando dijo que iba a vigilar las elecciones se refiriera a evitar que criminales sean postulados a cargos públicos, y no sólo haga presencia para que no se haga fraude, da lo mismo que gane “legítimamente” un criminal aunque todos los votos hayan sido derivados del miedo.

Presento toda esta explicación porque estoy convencido que en México a los delincuentes les garantizan su libertad los políticos, pero a los mexicanos nadie nos garantiza la vida.

Al final del video con el que se intenta justificar Yuriel de su relación con los implicados, deduce que todo fue una argucia política para atacarlo, y que si su partido le da la oportunidad sí competiría por la alcaldía. Así de cínico, así de doloroso nuestro México y sus políticos. Espero que Alejandro Moreno líder nacional del PRI, y todos los dirigentes en general, si aún quieren a su país, no impulsen a narcoterroristas para gobernar nuestros pueblos.