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Foto: Especial

Otro país/Tomás Tenorio Galindo

Redacción/Quadratín Colima
 
| 26 de octubre de 2017 | 9:18
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Va ganando Lozoya

Al único que benefician las revelaciones hechas por el ex fiscal electoral Santiago Nieto Castillo al diario Reforma el 18 de octubre es a quien aparece como inculpado en las mismas, Emilio Lozoya Austin. Al ventilar públicamente las interioridades, momentos y alcances de la investigación de la Fepade contra el ex director de Pemex, el ex fiscal rompió el debido proceso, la premisa en la cual se sostiene cualquier indagación judicial, y brindó un beneficio concreto al inculpado. Es decir, empujó hacia el fracaso la investigación e invocó la impunidad.

Quién sabe en qué medida sea irreversible el daño que Nieto castillo causó a la investigación sobre los vínculos entre los millonarios sobornos de la empresa Odebrecht y la campaña electoral de Enrique Peña Nieto en el 2012, pero el daño es visible. Tiene razón el procurador suplente, Alberto Elías Beltrán, quien con ese argumento ordenó el cese del titular de la Fepade. Aun si el ex fiscal fuese restituido en la Fepade, es ya incierto el destino de esa investigación, pues Lozoya Austin tiene ahora parque de sobra para defenderse.

La psicología podría escudriñar los motivos de Santiago Nieto para proceder de esa manera, si lo hizo a propósito o no, pero en el terreno de los hechos es inocultable que al hablar ante un medio de un asunto en curso se puso la soga al cuello. Es sorprendente, sin embargo, que al violar la ley se haya ganado el respaldo de los partidos de oposición (PAN, PRD, Morena y PT) y que sean éstos los que intentan llevarlo de regreso a su empleo. Si en sus expectativas creen que, después de lo sucedido, Nieto Castillo podrá enviar a prisión a Lozoya Austin (en el supuesto de que antes hubiera tenido elementos para hacerlo), se equivocan, pues fue él mismo quien abrió no un camino sino una autopista para alejarlo de la cárcel. Como es imposible que no hayan tomado en cuenta eso, a ese respecto los propósitos de los partidos al adoptar esta posición en el Senado deben buscarse en otro lado.

Una prueba de que Lozoya Austin tiene a su disposición una ancha y pavimentada vía para hacer frente y destruir la vertiente electoral de la investigación sobre los sobornos de Odebrecht, que es a la que realmente puede temerle el presidente Peña Nieto, son las dos demandas penales que interpuso ayer contra Santiago Nieto en la PGR. Una en la Subprocuraduría Especializada de Delitos Federales (SEIDF), por la negativa del ex fiscal electoral para citarlo con el fin de conocer las acusaciones que existían en la Fepade en su contra en relación con el escándalo Odebrecht, y la otra en la Unidad Especializada en Investigación de Delitos Cometidos por Servidores Públicos, por el uso indebido del servicio público al dar a conocer información de una carpeta de investigación.

El antecedente de la primera demanda es que Emilio Lozoya se vio precisado a solicitar un amparo, que le fue concedido, para obligar a la Fepade a que lo citara a declarar, pues la investigación era ventilada en medios de comunicación sin que él tuviera conocimiento oficial de las acusaciones que pesaban en su contra. La segunda tiene su origen en las revelaciones hechas por Santiago Nieto al periódico Reforma. En los dos casos, las demandas son jurídicamente viables como consecuencia de los actos del ex fiscal.

Como señalamos el lunes, hay motivos para sospechar que la conducta de Santiago Nieto puede ser resultado de un plan cuyo objetivo era desquiciar el proceso contra Lozoya Austin. Por absurda que parezca, esta hipótesis se funda en los hechos, mismos que los partidos de oposición en el Senado han decidido hacer a un lado para mantenerse junto al depuesto fiscal. Curiosamente, de ser acusado, Lozoya Austin es ahora acusador. Si todo lo ocurrido no obedeció a un guión, entonces la realidad fue haciendo el guión. Para efectos prácticos, por voluntad propia o porque sus debilidades fueron eficazmente aprovechadas, y con restitución o no, Santiago Nieto está inhabilitado para continuar la investigación del caso Odebrecht, y es posible que la investigación misma esté sepultada bajo su absurdo comportamiento.

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