La primera falla, brutal, sin calificativos, fue de comunicación. Y esto ejemplifica la soberbia, y la falta de conocimiento de la función policial, del señor Jesús Orta.

Porque todo lo que podemos, debemos, reclamar al gobierno de la CDMX comenzó con una llamada diciendo que un joven había sido secuestrado en la colonia Pedregal.

No hubo respuesta porque, esto es grave en extremo, no existe el mecanismo eficiente para llegar a quienes pueden, deben tomar decisiones de inmediato.

Raymundo Collins tenía un seguimiento permanente de los hechos delictivos, que estaban bajo su jurisdicción, en su oficina. Y cuando había un asunto relevante, de inmediato se trasladaba al lugar de los hechos.

Se enteraba porque quería enterarse. Saber, enterarse, responder, tomar el mando son asuntos que Jesús Orta, tan académico, tan todo menos policía, no hace.

Y esta es una de las razones por las que vivimos en peligro en la CDMX. Con la complicidad consentida de la doctora Sheinbaum que lo nombró y lo sostiene.

¿Era necesario que la familia de Norberto Ronquillo fuese a levantar una denuncia ante el ministerio público? Sí, obvio.

Pero la urgencia era encontrarlo en esas primeras horas posteriores a su secuestro. Si la policía hubiese intervenido de inmediato, tal vez no estuviese muerto. Y ese “tal vez” es un abismo.

Las cámaras de seguridad deberían funcionar. La policía debería poder reaccionar de inmediato. La investigación debió comenzar en ese momento para, en cuestión de minutos, localizar el celular del secuestrado.

Revisar imágenes. Preguntar a presuntos testigos. ¿Esto sucede solamente en las películas? No, esto es el manual de procedimientos que debe seguirse. Un mínimo.

Por el contrario, al hallar el auto, los policías de Orta, de la Sheinbaum, rompieron todas las reglas, se convirtieron de forma intencional o por estupidez, en cómplices de los criminales.

Porque no respetaron los procedimientos de “primer respondiente”. O sea que los policías de Orta, de la Sheinbaum son unos incapaces ineptos.

Y nosotros, todos, ponemos los muertos. Nosotros, todos, somos las víctimas. El drama estremecedor, terrible, de la madre, de la novia, de los amigos, de la familia de Norberto Ronquillo no debe pasar en ninguna parte del mundo.

Es común, es pan de todos los días en la CDMX porque no tenemos autoridades capaces, responsables, no tenemos el interés de los gobernantes, de los funcionarios, por nuestra seguridad.

Impunidad consentida. Complicidad criminal. Omisión supina.

Tenemos una policía de ínfima. Sobre todo, tenemos en la CDMX el peor jefe de la policía. Y lo tenemos ahí porque Marcelo Ebrard lo recomendó.

A lo mejor también es compañero de cacahuates del titular de Relaciones Exteriores. Jesús Orta no es policía. No sabe nada de la función de los policías.

No puede ni quiere ser el policía que necesitamos. A eso agreguen, porque vaya que estamos mal, la incapacidad de la procuraduría de justicia de la Ciudad.

¿Nos lo merecemos? ¿Se merece esa madre el dolor que está viviendo? ¿Puede dormir tranquila señora Sheinbaum?

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