¿Para esto querían gobernar?

El presidente López Obrador se pasó 18 años en campaña contra lo que según él eran políticas “neoliberales” que no hacían crecer la economía del país. Incluso ya como como mandatario, en un evento público, declaró oficialmente muerto al neoliberalismo en México.

La novedad es que vamos a crecer menos que en los gobiernos que tanto dice detestar. Prometió que en su sexenio la economía crecería, en promedio, cuatro por ciento. No va a ser así. Otra vez sus números son imaginarios y no se apegan a la realidad.

En el escenario más favorable vamos a crecer en el sexenio, según el reporte que dio el FMI la semana anterior, un pálido 2.3 por ciento. Muy lejos de lo que creció la economía en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, por ejemplo, que lo hizo al 4.1 por ciento (ver El Universal del miércoles de la semana pasada).

No deja de ser curioso: el que durante más de 30 años se ha dedicado a calumniar y combatir a Salinas, se planteó crecer una décima menos de quien él llama el padre de todas las desgracias de México.

Y en los hechos, si bien nos va, AMLO hará crecer a la economía 2.3 por ciento. Con una diferencia respecto a Salinas de Gortari: en ese sexenio se recibió el país con una inflación de 160 por ciento y el precio del barril de petróleo tuvo un promedio de paupérrimos quince dólares con 20 centavos, y en la actual administración oscila por los 64 dólares el barril.

¿En qué vamos a estar mejor sin eso que sepultó con el nombre de neoliberalismo? Sí, en el gobierno de Felipe Calderón se creció sólo 1.8 por ciento… por una crisis externa, la peor desde 1929: el mundo se desplomó y nuestra economía llegó a tener un crecimiento negativo de seis o siete puntos.

Y se levantó. Ahora, sin crisis externa, lo proyectado para el sexenio es crecer 2.3 por ciento. Si todo camina sin contratiempos, el T-MEC se aprueba y no se cometen errores costosos, vamos a crecer menos que con Peña Nieto, cuando la economía creció a un promedio muy bajo: 2.4 por ciento.

Podrá presumir López Obrador que él logrará hacer crecer la economía más que Miguel de la Madrid, cuando el PIB creció en promedio 0.3 por ciento, pues padecimos la resaca de la docena trágica del populismo, que nuestro actual presidente tanto admira.

Lapidario el proyecto de crecimiento pronosticado para este sexenio: 2.3 por ciento, sin que se nos atraviese ninguna crisis externa ni se genere una interna.

¿Para eso tanto grito durante todos estos años? Dividió a los mexicanos para, a la hora de la verdad, crecer mucho menos que Salinas, que Zedillo -con todo y “error de diciembre”-, e incluso menos que Peña Nieto, de quien pidió su salida prematura del cargo. Recorrió tantas veces el país, haciendo la condena de los gobiernos “neoliberales”, con la promesa de llevarnos casi al paraíso, y en el mejor de los casos vamos a crecer a 2.3. En 2019, cuando supuestamente íbamos a crecer al cuatro por ciento, tendremos un crecimiento de uno por ciento.

¿Para eso querían gobernar? ¿Para hacer de México un país más pobre? ¿No era al revés?

Lo peor del caso es que -al menos por ahora- la baja en las estimaciones de crecimiento no son por motivos económicos, sino políticos.

Ahí están los titulares de los periódicos: “Reduce el FMI sus estimados para México por falta de certidumbre” (El Financiero, 10 de abril).

“Incertidumbre, inseguridad y corrupción ponen en grave riesgo la economía: BdeM” (La Jornada, 11 de abril). “México sólo crecerá 2.3 por ciento con AMLO, proyecta el FMI” (El Universal, 10 de abril).

Para este año el FMI recorta el estimado de crecimiento de México a 1.6 por ciento. La CEPAL lo recorta a 1.7 por ciento. Esos números significan menos empleos formales (el viernes IMSS dio a conocer que en marzo cayó 46 por ciento el ritmo de la creación de empleos, respecto al mismo mes del año anterior). Implican más recortes de personal, en el gobierno y en el sector privado, donde personas valiosas, capaces, se tienen que ir porque la economía anda mal.

Mayor inseguridad, pues ya tenemos el trimestre más violento desde que hay estadísticas (el gasto en seguridad cayó en el primer bimestre, en términos reales, 31 por ciento).

También, deterioro de los servicios de salud (el gasto público en ese rubro cayó 13.6 por ciento en términos reales en el primer bimestre).

Menos recursos para la educación (la caída real en el bimestre fue de 12 por ciento).

El mal arranque de sexenio está a la vista, y el panorama a futuro pinta mal porque el presidente se niega a admitir sus errores.

¿Para eso amenazaron con “soltar al tigre”, dividieron al país y pusieron piedras a los sucesivos gobiernos? ¿Para esto querían gobernar?