Emilio Lozoya ha dado muestras de tener muy armada su estrategia. Apenas ha respondido vaguedades a dos imputaciones y ya ha inflado el afán presidencial de limpiar la mugre que le dejó el viejo sistema político, enfrentado sin éxito durante 20 años previos al triunfo electoral.

El ex director de Pemex enseña la puntita nada más, probaditas que no aportan ni un poquito de lo mucho que prometió revelar en videos para hacer retemblar en su centro la tierra… y darle fichas a quien manda más para cacarear el huevo ante sus 30 millones de votantes.

La estrategia de Lozoya está cimentada en la inocencia y la venganza contra quienes lo abandonaron y traicionaron.

¿Quién más sino Peña Nieto, Videgaray y esa banda?

“En relación con los hechos que se me imputan, fui intimidado, presionado, influenciado e instrumentalizado; fui utilizado por el aparato del poder”.

Mismo argumento repetido dos veces para responder por la compra fraudulenta de Agro Nitrogenados y su implicación en presuntos sobornos de la multinacional Odebrecht. 

La estrategia del acusado es tramposa; la FGR no ha exigido las pruebas prometidas por el extraditado porque el proceso apenas está en fase de imputaciones. ¿Será que acabarán pidiéndole perdón en el colmo de una grotesca negociación? ¿Será que el poder usará a Lozoya como mano de gato para sacar castañas del fuego?

El audaz Lozoya juega como conviene al astuto López Obrador.