Morena rechina y truena. Lleva más de un año sin ponerse de acuerdo para elegir dirigencia.

La civilidad quedó atrás y hasta el líder moral del partido, muy partido, toma distancia para que no lo salpiquen; aclara que los ideales y principios de la 4T no están en el partido sino en los ciudadanos.

Porfirio Muñoz Ledo, el encuestado ganador, por seis centésimas, se proclama “presidente legítimo” y no toma posesión porque feministas de alquiler le bloquearon la sede del partido guinda; descubrieron “repentinamente” que el político octogenario también es un acosador; que tiene diez denuncias de agresión sexual.

Mario Delgado, el encuestado perdedor por dos votos, acusa a Muñoz Ledo de golpista, mañoso, espurio, obsesivo, caprichoso y ambicioso.

Don Porfirio, tunde a Delgado por boicotearlo con el asalto violento a la sede morenista y pretender comprar la dirigencia a billetazos.

El compromiso democrático reblandece; parece lo de menos cuando dos demonios andan sueltos en pos del poder, sin ánimo de entenderse.

Antes apuestan por el aniquilamiento mutuo; por el pleito a muerte.

No miden consecuencias.